Rozo su mano, muy levemente, disimulando tanto que sería imposible que supiera que estoy a su lado.
Casi sin darme cuenta tenía su mirada clavada en mí, quizá llevaría media hora mirándome, o tal vez apenas unos segundos. De repente el mundo dejó de existir como yo lo conocía y me miré en sus ojos brillantes. Tenían un color agridulce que traspasó mi estómago con la fuerza de cien huracanes. Pasó un segundo, un segundo que duró horas, todo desapareció a nuestro alrededor para empezar a existir. Nuestras sombras se fueron acercando para empezar con el baile de luces, tintaron el ambiente de un color escarlata cediendo su sitio a nuestros cuerpos. Él olía como las noches de luna llena, interminables y eléctricas, y sabía a cuando dejas de pensar y te dejas llevar…
- No sabes cuanto tiempo llevo imaginando cual sería tu sabor. Sabes a cuando aguantas tanto la respiración debajo del agua que casi te ahogas, a cortocircuitos en mi mente, sabes a lugares donde yo nunca he estado… Y tu olor, es como el de un día de lluvia, a cuando lentamente se apagan las luces del cine y estás convencido de que la película que verás de seguro te va a gustar.
Y… sí, te pareces a despertarte y no saber donde estás, te pareces a un lugar donde no hay tiempo, donde puedes jugar con los minutos a tu antojo y donde nunca hay prisas…
Apuesto a que podríamos ganar una apuesta al tiempo donde tú y yo no saliéramos nunca de la cama. Apostar todo al rojo de tus labios y al de nuestros corazones…
Abrir los ojos y los suyos ya no estaban…
Te echo de menos, como si nunca hubieras aparecido en mi vida, como si no hubiera nada de tí en mí, te echo de menos como se echa de menos el silencio.
Escuchar tu voz, recordar que tono usabas al decirme "te amo"...
Tu olor, cuando nadie tenía tu olor, ahora lo huelo en cada rincón de esta ciudad inmensa...
Cuando me meto en la cama siento que es tan grande que me voy a caer, que no tendrá fin esa noche que pedí infinita, infinitamente sola de tí...
Recuerdo el viento en mi cuerpo cuando íbamos a más de cien y me temblaban las piernas, nunca te dije que no tenía miedo a tu lado, que me cuidaste más de lo que creo que nadie me cuidará nunca...
Este punto muerto está matando el tiempo, el tiempo entre nuestros mundos... Se han quedado pequeñas las miradas, tan lejos que duelen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario